Con una misa masiva y un encuentro con Emmanuel Macron, el Papa cerró su viaje a Marsella

El Papa cumplió su sueño en Marsella. No solo estaban los católicos sino los musulmanes, los judíos, los ortodoxos, las familias francesas, los armenios, los españoles, los portugueses migrantes, los laicos franceses.

Todos los que tuvieran un corazón de humanidad estaban en su misa del sábado en el Velódromo de Marsella. Un viejo sueño intenso, energético, con su compromiso personal por la dignidad de los migrantes y su derecho a ser rescatados del Mar Mediterráneo, integrados y acompañados.

Quinientos años después de la última visita de un Papa a la ciudad fenicia, Francisco llegó con un mensaje para despertar conciencia y amor: salvar a los migrantes, dignificarlos, salvarles la vida en el mar.

En el espectacular Velodrome, adaptado para el Mundial de Rugby y luego para recibir a los peregrinos, 61.000 personas llegaron y llenaron el moderno estadio. Tuvieron que cubrir el césped para que los jugadores de rugby no vieran afectado su campo de juego.

Desde su silla de ruedas, su rostro hosco, Francisco se iluminó porque su mensaje había llegado. El pontífice no había preparado este visita de «cuasi Estado». Su idea era transmitir el mensaje al mundo para devolver la dignidad a los migrantes, abrir a Europa, que el Norte se abra al sur. Un “stop” en un puerto multicultural, milenario y de todas las razas, que lo veneró. No quería una visita de Estado a Francia. Lo había precisado, para incomodidad del gobierno de Emmanuel Macron.

El Papa dio una misa frente a una multitud en el moderno estadio de rugby de Marsella. Foto: BLOOMBERG

El Papa volvió a demostrar que es más popular fuera que dentro de su curia. Su mensaje es más cercano a la que gente que el de los cardenales que lo combaten a él y a su estilo.

Marsella es distinta, colorida, emocional. Se parece más a Buenos Aires que a cualquier otra ciudad de Francia. Francisco se sentía en casa. Allí estaban sus interlocutores y sus defendidos: los argelinos, los marroquíes, los portugueses, loe españoles, los de Comoros, los tunecinos, los humanitarios, los rescatistas, los niños, las familias.Todos los colores y lenguas. Ellos eran Marsella. Eran sus “hermanos”.

El Velódromo estaba repleto. Transgeneracional y transreligioso, todas las razas, todas las religiones. Hasta los musulmanes rezaron en árabe. La imagen del Papa, la catedral y la Marsellesa de recepción. Aplausos, lágrimas de emoción. Cantos y un Papa feliz, que bendecía a los bebitos.

El Velodrome estalló. Un clamor. “Papa Franceso”, gritaba la gente. Allí estaba Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, en las tribunas. Una comunión interreligiosa en Marsella. Un pluralismo religioso que, para el Papa Francisco, es el futuro y la manera de comprenderse. Un slogan en el altar: “Mosaico de esperanza”.

Los fans del Olimpic de Marsella lo homenajearon con un “tifo” de su figura y la virgen María de la catedral de Notre Dame de la Garde.

El presidente Emmanuel Macron llegó a la misa junto a la primera dama, Brigitte. Pero el no puede participar en la ceremonia, a causa de la laicidad a la francesa. Solo puede ser un testigo, no un creyente.Es la primera vez que un presidente asiste a una misa papal en 15 años, en esta falsa visita de estado.

El presidente francés, Emmanuel Macron, y su esposa Brigitte, en la misa en Marsella. Foto: APEl presidente francés, Emmanuel Macron, y su esposa Brigitte, en la misa en Marsella. Foto: AP

El «grito de los pobres» y los inmigrantes

“Bonjour, Marsella, Bonjour la France”, dijo el Papa en francés, finalmente. «La paz sea con ustedes”, saludó al inicio del oficio religioso. Estaba finalmente aceptando que esta era una visita a Francia, no solo a Marsella. Sutilezas vaticanas.

En la misa eligió una mitra, una casulla, y un palio azul y el blanco, su vínculo con el Mediterráneo. «Merci», decía un grupo de gente, en coreografia, en una de las tribunas. El ambiente recordaba esos viajes exitosos de Juan Pablo II por el mundo.

En su homilía dedicada a María, el Papa Francisco fue directo. «Pienso en las muchas emociones que ha vivido Francia. Necesitamos redescubrir el gusto por la fraternidad”, pidió el Papa Francisco durante su homilía. Habló del “grito de los pobres” y de la situación de los migrantes en el mar Mediterráneo.

Lo escuchaba el presidente Macron, el ministro del interior Gerarld Darmanian, que se opone al ingreso de migrantes a Francia desde Lampedusa, y el presidente de la región Renaud Muselier.

Durante la misa de clausura de su viaje a Marsella en el inmenso estadio del Vélodrome, el Papa Francisco puso al mismo nivel, y en defensa de la vida, a las «personas que emigran», los «niños que no han nacido aún» y » número de ancianos abandonados”.

«Recen por mí»

El Papa y Macron, este sábado en el Palacio del Faro, en Marsella. Foto: AFP El Papa y Macron, este sábado en el Palacio del Faro, en Marsella. Foto: AFP

Una comunión gigantesca en el velódromo, organizada por el cardenal Avelyn. Al menos 62.000 ostias fueron distribuidas y realizadas en diferentes conventos de Francia. Se identificaba con un paraguas azul a los que tomaban la comunión. Una gigantesca ostia fue elevada al cielo por el cardenal Avelyn, su amigo, quien lo convenció de llegar a Marsella.

Bajo un sol mediterráneo, el Papa recorrió la avenida del Prado en su improvisado paseo junto a su amigo, el cardenal Avelin, el arzobispo de Marsella, en cuya casa durmió.

El Papa desafió la ciudad más insegura de Francia, en un Papamóvil Mercedes blanco, blindado. La gente lo ovacionaba. La seguridad lo rodeaba. Así entró al estadio, como un ídolo de rock, al grito de “Pa- pa Fran- ces- co”.

Para concluir esta misa, el Papa Francisco agradeció a los franceses y marselleses que lo acogieron. También pensó en las víctimas del atentado de Niza y de todos los atentados en Francia. “Recordaré los encuentros de estos dos días. Por favor, no olviden rezar por mí. No es un trabajo fácil”, finalizó, despidiéndose con el dedo en alto y el Ave María de fondo.

El avión papal partió a las 7 y media de la tarde hacia Roma.

El Papa y Macron se reunieron antes de la misa. Una discusión breve pero intensa. El presidente debatió con Francisco las cuestiones migratorias. Pero también el final de la vida, y su proyecto de ley. Además la situación en Ucrania, Africa, Argentina y el Medio Ambiente.

You may also like...