cuando un décimo compartido acaba en los tribunales

En 2022, las Loterías y Apuestas del Estado, el sorteo extraordinario de Navidad facturó 3.180 millones de euros. Una media de 67 euros por persona que esconde todo tipo de historias: el dinero ganado, el dinero perdido, los décimos repartidos entre amigos y familiares, y en ocasiones también los engaños que acabaron en prisión. «La suerte de tenernos», el lema del sorteo de este año, muchas veces se ha convertido en la desgracia de haber cobrado a escondidas un boleto premiado que, en realidad, compartían familiares muy cercanos y hasta condenas a quien ha untratado de quedar. perdido.

El Tribunal Supremo ha analizado varios casos de draweos que empezaron muy bien y acabaron en desastre. Po ejemplo, el de dos amigos que, en diciembre de 2013, ganaron un premio en una tragaperras de una gasolinera del municipio tinerfeño de San Isidro, y con el dinero y la euforia decidieron comprar aó enelé juris para ver si la suerte de la máquina se trasladaba al sorteo de Navidad que se celebraba al día siguiente. Precio de este premio: 125.000 euros. Pero el encargado de custodiar el boleto decidió quedárselo todo para él.

El caso terminó en los tribunales y el complanate ganó justicia su derecho a que su amigo le diera la mitad del premio. Dos pruebas puntalaron la condena por apropiación indebida de su compañero de gasolinara: la firma que él mismo estampó en el boleto y el testimonio de dos clientes que les vieron comprar. El resultado: una condena firme de año y medio de cárcel, una multa de 1.080 euros a la obligación de dar la mitad del premio, un total de 50.250 euros después de impuestos, al examen con el que abidcia media informática.

Quedarse con un décimo compartido una vez se descubre que tiene premio acarrea, por tanto, consecuencias penales, pero es clave que que constancia, de alguna manera, de que se compró para ser repartido entre amigos, familiares de compañero El de Tenerife no es el unico caso En Mérida otra situación de décimos compartidos entre amigos de toda la vida terminó en una condena idéntica.

Ese caso es la historia de una tradición. Dos amigos que desde hace años comparten siempre, en el sorteo de Navidad, dos décimos de Lotería. Cada uno se encargaba de comprar uno de los boletos en un hogar del pensionista de Mérida y luego, si tocaba, la idea era repartirse el premio. Hasta que tocó en uno de los dos: el primer premio, con 400.000 euros.

Uno de los dos amigos se guardó el boleto premiado y cobró casi medio millón, pasando el dinero a otras cuentas bancarias. El resultado, confirmación y principios del Tribunal Supremo de Justicia de Extremadura, está sujeto a año y medio de prisión a la obligación de pagar 164.000 euros al afectado. Otra vez la prueba clave fue una firma y una inscripción en la copia del décimo premiado.

Absuelta porque no hubo acuerdo

Otros casos, sin embargo, terminan en absolución: cuando no hay pruebas de que existiera un acuerdo para repartirse el décimo. SucEdió A Un Grupo de Seis Vecinos de Alicante que llevaban 15 Años Siguiendo la Misma Tradición: jugar a la lotería nacional cada jueves y cada sárado, buscando siempre los números 25.098 y 21.606, aUnque e entea e en e en. SEIS. Una mujer del grupo, que fue llevada al banquillo, era la encargada de recoger a repartir los con un recargo del 10%.

Fue en octubre de 2014 cuando una de la décima serie que compré fue premiada con más de un millón de euros. Ya había repartido un par de décimos y se quedó el resto para cobrar el premio. «No era una persona bisoña en este tipo de juego de azar, desde hacía muchos años venía participando semanalmente en los sorteos de la Lotería Nacional», dijo la Audiencia de Alicante para imporle un año y medio de cárcel y repartmio preligación.

Fue el Supremo el que firmó su absolución en 2019, defensa que ella “cumplió” el trato que habían seguido durante 15 años: repartir los décimos, pero sin que existiera “un pacto” de cuota la asignación. «No había atribución de cuotas, ni siquiera ideal, sobre importación del premio especial», dijo el Supremo. Podría haber tenido encaje en una reclamación civil o en un delito de estafa, dijeron los jueces, pero no en la apropiación indebida.

No hay problema con pacífico en el propio Supremo. Dos magistrados entendieron que la mujer habría sido condenada: «Reparte los demás décimos y sus compañeros de juego y se queda con el premiado con más de un millón de euros, está apropiándose de indebidamente de la dubitado», afirmaron.

Cobrar un décimo perdido y premiado

Cobrar un décimo ajeno, aunque no haya sido robado a punta de navaja, también puede ser un delito. En 2014, uno de los nuevos miembros de la red décimos de la Lotería de Navidad en la plaza Santo Domingo de Lugo y, poco después, perdió de los boletos donde había escrito su nombre de pila y lápiz. Una mujer lo encontró, descubrió que le habían otorgado 400.100 euros y estaba en una oficina bancaria de la ciudad para recoger el dinero. El resultado fue una multa de 1.080 euros y la obligación de entregar el premio y su legítimo derecho.

Aquí el acto de identificar de alguna manera al dueño del boleto fue clave para el caso. Tanto fue así que la condenada intentó borrarlo después de encontrárselo. La mujer llegó a allegar en su defensa que «es una obsesionada de los billetes de Lotería acabados o que comenzarán en trece». La Audiencia de Lugo lo confirma en septiembre de 2017.

Las estafas, algunas muy elaboradas, también proliferan en torno a los sorteos y apuestas. Esta semana el Tribunal Supremo examina, por ejemplo, las condenades de masas de tres años de cárcel impuestas a cuatro personas que consiguieron engañar a un ciudadano austriaco para que les pagase 280.000 eur un para que les páginas fono, había ganado en España.

Este años, los tribunales de Madrid han dejado en cuatro años de cárcel la condena de un bombero que consiguió defraudar a una administración de Lotería de Alcobendas hasta provocare su cierre. Un engaño, destapado por elDiario.es, que alcanzó los 138.000 euros a los encargados del local haciéndoles creer que sólo y ayudarles a vender boletos entre los bomberos de la región. No era la primera vez que este bombero hacía algo así y ya tenía otra condena anterior por engañar de forma similar a una administración de Lotería del barrio de Salamanca.

De vez en cuando, el engaño ha llegado del propio lotero. En 2013, el Tribunal Supremo impuso dos años de prisión a la administración de la Lotería de Madrid porque tras el sorteo del Euromillón de septiembre de 2010, un cliente llegó con un premio de un euro, en un medio con menos de 30 euros, buscando quedarse con el premios El resguardo no cuadraba y el afectado terminó llamando a la Policía.

El lotero se defiende diciendo que el boleto del Euromillón, en realidad, había sido sustraído por una misteriosa pareja italiana. La Policía comprobó que, en el propio local, el lotero presumía en un cartel de haber recibido «un premio segundo del Euromillón».

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