Feijóo, el hombre de los caramelos, por Josep Martí Blanch

Viaje al pasado. Año 1993. El PP pierde unas elecciones que creía ganadas. El PSOE de Felipe González, acosado por los escándalos de corrupción tras once años en el gobierno, se impone contra pronóstico en las urnas tras una campaña electoral en la que azuza con éxito el miedo a la derechona.

El líder popular de aquel entonces, José María Aznar, acompañado por un joven y brillante profesional del marketing electoral, Miguel Ángel Rodríguez –ahora muñidor del ayusismo–, entiende que hay que hacer lo posible para mitigar las reticencias con las que buena parte de la sociedad española decodifica el discurso popular por su exceso de agresividad y revanchismo contra socialistas y nacionalistas.


Jordi Pujol y Jose María Aznar, en el hotel Majestic

Kim Manresa / Propias

Ese ejercicio de travestismo toma forma con la campaña “Viaje al centro”. Las mismas convicciones y si cabe la misma dureza en algunos momentos –el famoso “Váyase, señor González” es de 1994– pero acompañadas de mayor templanza y tono propositivo como tónica general. Dio resultado. Tres años después, Aznar llegó a la Moncloa de la mano de la extinta CIU de Jordi Pujol.

De vuelta al presente. Año 2023. A grandes rasgos, la historia se repite. El PP queda lejos de la mayoría necesaria en unos comicios que imaginaba ganados. Tras una digestión pesada hay que mover ficha de cara al futuro a medio y largo plazo. Rectificar o al menos que lo parezca. De ahí que Feijóo se aplique en construir la imagen de un hombre que, aun desde la diferencia insalvable, puede hablar con todo el mundo, incluso con los separatistas, porque una cosa es dialogar y otra, ceder.

La reunión con Sánchez le ha servido para ensayar el enésimo viaje al centro

La reunión con Pedro Sánchez le ha servido a Feijóo para ensayar abiertamente el enésimo viaje al centro del PP. Ahora ya no se trata de derogar el sanchismo sino de abrazar al PSOE y a todos los socialistas incómodos con las promesas de amnistía del presidente español en funciones. Feijóo es el nuevo hombre de los caramelos. De la política de bloques, al encuentro. De la suficiencia conservadora, al intento de hablar con todos. Las mismas convicciones pero ajustando el volumen y el tono. El líder gallego acepta abiertamente que no será presidente ahora y ya trabaja en la imagen que quiere trasladar de su partido y de su candidatura para los dos únicos escenarios realmente plausibles en estos momentos: repetición de elecciones o investidura de Pedro Sánchez.

En el caso volver a las urnas, Feijóo quiere llegar habiendo dibujado la figura de un hombre de Estado al que acompaña una única voluntad: entenderse con los socialistas. ¿El programa? Los seis pactos de Estado que ayer le ofreció al secretario general del PSOE. Y si lo que hay es una investidura de Pedro Sánchez gracias a los votos de Junts vendidos al precio de una amnistía, Feijóo parece que quiera dejar las escenas de sangre de la nueva legislatura en manos de Vox y situar al PP en el marco mental del único partido capaz de superar el cainismo sin renunciar a sus convicciones, pero con menor estridencia a la hora de manifestarlas.

Feijóo pide a Sánchez que facilite su investidura para una legislatura de dos años

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, este miércoles en el Congreso

El marco teórico de Feijóo adolece de un problema: estamos en 2023, no en 1993. Han pasado treinta años desde ese viaje al centro que protagonizó Aznar en la España del bipartidismo imperfecto. El presente está revestido de una mayor complejidad. Y de todas las variables que conforman el ahora, hay dos que dificultan tremendamente la excursión que pretende Feijóo: por un lado, Vox existe, y por el otro, el conflicto territorial sigue abierto en canal aunque los torniquetes hayan evitado el desangre.

De resultas, el PP puede ganar elecciones, pero no puede gobernar. Su manta sólo le da para taparse los pies o la cabeza. Acaramelarse con Vox lo aleja de cualquier posibilidad de entente con los nacionalistas, sean vascos o catalanes, y atreverse con la variable territorial lo enemista con la ultraderecha. Y los cantos de sirena al PSOE, por muchos militantes –algunos históricos– que amenacen con darse de baja en los múltiples grupos de WhatsApp a cuenta de una hipotética amnistía a los independentistas, no van a surtir efecto. Siempre que Sánchez consiga ser investido, claro. Gobernar es la mejor árnica contra la indignación de los propios.

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