La muerte de vacaciones, por Carlos Zanón

Hubo un tiempo en que apenas había noticias en el mes de agosto. Parecía que las vacaciones de los periodistas conllevaban que la actualidad rebajara expectativas y novedades. Uno de los motivos es que las fuentes de las que emanaban esas noticias eran pocas y filtraban solo las muy relevantes. Durante el verano siempre se solía morir un famoso. Y luego, enseguida, otro. Como si tuvieran que ir de la mano los dos. 


Escena de ‘¿Conoces a Joe Black?’ 

LV

Lo recuerdo en el mismo tono con el que salía la muerte en viejas películas como La muerte de vacaciones ( Death takes a holiday ), de la que bebió años más tarde ¿Conoces a Joe Black? Que la muerte sea en esta última Brad Pitt da la razón a Cesare Pavese, que escribió aquello de “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Si finalmente es Pitt, además de esos ojos azules, acudirá comiendo de una bolsa patatas de jamón y queso, eso también lo sabemos todos.

En este agosto sin noticias políticas, el tiempo corre en contra de nuestros representantes públicos

La muerte de vacaciones es una comedia romántica de 1934 dirigida por Mitchell Leisen. La trama gira alrededor de una díscola Muerte que decide tomarse tres días de vacaciones sin ser quien es, para saber por qué los humanos la tememos tanto. En realidad, los tres días tienen más de absentismo laboral que de acuerdo reglado con la Vida, Dios y el Diablo, que son con quienes debe mantener la Muerte el preceptivo convenio de empresa. Al darse días en forma humana, también se condena ella misma a muerte, porque no hay como querer entender a los mortales para acabar amándonos. Al menos a la mayoría.

En esa vieja película, la Muerte demuestra que podrá tener fama de cruel e injusta, pero también buen gusto y una gozosa manera de elegir lugar y manera de disfrutar de su fin de semana. La Muerte toma forma en cuerpo y trajes militares de un príncipe hindú de visita inesperada a la mansión de un noble y sus invitados. Entre ellos, está una morbosa chica, Grazia, papel que ahora hubiera interpretado la Billie Eilish del primer disco. La cuestión es que ambos se enamoran y gracias a eso, la Muerte consigue una noticia buena y otra mala. La buena es que ya entiende qué es eso que liga a los humanos a la Vida y es el Amor. La mala es que le queda hora y media para disfrutarlo y dejarlo.


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En este deambular sin noticias políticas del mes de agosto, hay algo de Príncipe Hindú/La Muerte con el tiempo corriendo en contra de todos nuestros queridos representantes públicos. De los dos candidatos con posibilidades de ser presidente del gobierno. De la cúpula de Vox que va rompiéndose de tanto amarse. Después de la dimisión de Espinosa de los Monteros, en las reuniones de partido solo va a quedar Doctor Strangelove. También Carles Puigdemont y las siete almas de Junts encarando su particular versión de la película de Mitchell Leisen: o matarlos políticamente a todos o elegir al guapo y dejarse envolver por su manto negro (que seguro que le quedará niquelado). En la película, el protagonista fúnebre se lleva a Grazia, pero, eso sí, la chica sabe que no es ningún príncipe, sino la Muerte. Puigdemont también.


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