Sánchez presenta su proyecto para reforzar la autonomía estratégica de la UE, que se debatirá en la cumbre de Granada

Tras el paréntesis causado por su último positivo en covid, del que ya se ha recuperado, y antes de volar a Nueva York el próximo domingo para participar en la asamblea general de la ONU, Pedro Sánchez presenta este viernes, en la sede de la CEOE en Madrid, su propuesta para fortalecer la autonomía estratégica, la seguridad económica y el liderazgo global de la Unión Europea. Es la gran apuesta del presidente del Ejecutivo en funciones, durante la presidencia de turno española del club comunitario, que los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 estados miembros debatirán en el Consejo Europeo informal que se celebrará en Granada el próximo 6 de octubre.

El documento que presenta este viernes Pedro Sánchez, y al que ha tenido acceso La Vanguardia, es el resultado de un proyecto de colaboración que sus autores consideran pionero, que se ha desarrollado durante casi un año, y en el que han participado más de 250 expertos de 80 ministerios de los 27 estados miembros, la Comisión Europea y el Consejo de la UE, bajo la coordinación de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia del Ejecutivo español. Además, han contado con el asesoramiento de un centenar de académicos y representantes del sector privado.

Resilient EU2030, como se denomina la propuesta de Sánchez, continúa el trabajo realizado por la UE durante los dos últimos años en torno a la autonomía estratégica abierta y lo proyecta a futuro para responder, según sus autores, a una pregunta clave: ¿Qué debe hacer la UE para adaptarse al nuevo orden mundial y garantizar su seguridad económica y liderazgo global de aquí al 2030?

Como respuesta, Resilient EU2030 propone “desplegar una estrategia holística y anticipatoria, con nueve ejes de acción que aportan varias novedades al debate”.

“No se está dando un proceso de desglobalización ni de fragmentación económica, ya que los intercambios comerciales entre regiones siguen creciendo, incluso entre oriente y occidente, y los supuestos bloques de países no alineados”

En primer lugar, un “diagnóstico riguroso” de los cambios que se están produciendo en el mundo. Valiéndose de una amplia evidencia empírica, el documento argumenta que “no se está dando un proceso de desglobalización ni de fragmentación económica –como señalan algunos– ya que los intercambios comerciales entre regiones siguen creciendo, incluso entre oriente y occidente, y los supuestos bloques de países no alineados”.

Aun así, la estrategia reconoce la necesidad de reforzar el tejido industrial europeo, e identifica una serie de bienes, servicios y materias primas estratégicos en los que la UE debería aumentar su capacidad productiva de aquí al 2030. Se hace especial hincapié así en ciertos desarrollos de Inteligencia Artificial, turbinas eólicas, electrolizadores, redes de transmisión, fertilizantes orgánicos, baterías sólidas y los ingredientes farmacéuticos activos, entre otros.

Además, la propuesta reivindica “la importancia de apostar por soluciones innovadoras que la ciencia está desarrollando y que los gobiernos y empresas europeas deberían escalar para reducir sus dependencias estratégicas del extranjero”. Soluciones, apunta el documento, como las baterías de sodio y lignina, los ordenadores cuánticos, el uso de bacterias para la recuperación de tierras raras, o los piensos para ganado elaborados con proteína procedente de algas, insectos y microbios.

La estrategia defiende una política industrial europea que “sin restar competitividad ni crear desigualdades internas, ayude a corregir las distorsiones que otras potencias extranjeras provocan en la economía global e incentivar la inversión privada”

La estrategia también reflexiona sobre el tipo de política industrial que se requerirá para desarrollar estas capacidades, y la necesidad de que ésta se implemente en clave europea para que, “sin restar competitividad ni crear desigualdades internas, ayude a corregir las distorsiones que otras potencias extranjeras provocan en la economía global e incentivar la inversión privada”.

La propuesta española también muestra cómo la transición ecológica puede convertirse en “un catalizador de la resiliencia europea”, y aboga por “transformar el tejido industrial europeo en un sistema simbiótico y circular en el que la generación de desperdicios es reducida al mínimo, y los residuos de unos sectores se convierten en los recursos de otros”.

El proyecto aboga por “huir de las tentaciones proteccionistas y acabar con la lógica binaria que asocia la apertura a la vulnerabilidad y la autarquía a la resiliencia”

El proyecto, además, defiende la necesidad de “huir de las tentaciones proteccionistas y acabar con la lógica binaria que asocia la apertura a la vulnerabilidad y la autarquía a la resiliencia”. “La economía europea, como cualquier otra economía desarrollada, -señala el documento- está indisolublemente unida al resto del mundo. En ciertas ocasiones, esa interdependencia es una fuente de riesgos. Pero sobre todo es una fuente de soluciones y de oportunidades para garantizar la prosperidad de nuestros ciudadanos y ciudadanas”.

Por eso, la estrategia española recomienda que, “lejos de cerrarse en sí misma, Europa aproveche el contexto geopolítico actual para aumentar y reconfigurar su participación en la economía global, lanzando una nueva expansión comercial dirigida a consolidar, diversificar y ampliar sus vínculos con el exterior, e impulsando una renovación de la arquitectura multilateral”.

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